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El fenómeno de la economía
informal en nuestros países ha sido analizado desde múltiples
ángulos, pero pocas veces se le sitúa o se le califica
como una tendencia propia e inherente a la evolución social y
económica de nuestras sociedades; sino más bien, craso
error, como una anomalía que aunque persistente, es transitoria.
El aumento en proporción, de la economía informal, es
una muestra inequívoca del deterioro del aparato económico,
que al contraerse, léase; malas, o inexistentes políticas
de estado, va generando un reacomodo de los actores económicos,
y una extensión de los segmentos de pobreza que a su vez retroalimentan
al sistema, ocasionando mas contracción y mas desaparición
de puestos de trabajo. Esto es especialmente notorio en el sector de
los servicios (terciario), ya que al disminuir el contingente laboral,
la parte del ingreso que los trabajadores dedicaban a las actividades
propias de este segmento tales como: Recreación, educación,
salud, comunicaciones, e incluso todo tipo de bienes no imprescindibles,
dejan de ser utilizados y/o adquiridos.
Cuando esta situación se hace sostenida en el tiempo, produce
un doble fenómeno; Empobrecimiento progresivo de la economía
del país y aumento en extensión del sector de los excluidos.
A su vez, las recurrencia de estos fenómenos en el tiempo generan
un aumento desproporcionado de los servicios que presta el estado, ocasionando
eventualmente su colapso ante la imposibilidad de cubrir esta cada vez
mayor demanda. Dando lugar a la aparición de nuevas necesidades
sociales insatisfechas, que a su vez dan origen a transformaciones sociales
estructurales.
El aumento continuo de formas de empleo no formales, se expresa principalmente
en el aumento de la concentración poblacional en las grandes
ciudades. Población que ante la imposibilidad por parte del estado
de satisfacer sus viejas y nuevas necesidades, pasara a engrosar las
estadísticas de deserción y de fracaso escolar y consecuentemente,
a mediano plazo, la dificultad de inserción laboral de estos,
potenciara aun más el fenómeno antes citado.
Estas necesidades (insatisfechas) originadas por fenómenos nuevos
y/o concurrentes, están transformando radicalmente las formas
de organización social, y en consecuencia si queremos obtener
resultados positivos en la solución del problema; Tendremos que
cambiar, también radicalmente, la forma de atacarlo.
Esto nos lleva a definir al modelo publico de servicios, inclusive el
de esta mal llamada “revolución”; como obsoleto e inadecuado,
lo cual se evidencia, en la ruptura de las relaciones tradicionales
entre el mercado y el estado. El cual, siempre se ha empeñado,
tercamente, en subsanar las anomalías y necesidades de la poblacion,
principalmente a través de la redistribución de la renta.
Cosa que era posible (aparentemente) cuando estas necesidades eran limitadas;
el segmento de los excluidos mucho mas pequeño, y el ingreso
proporcional mucho mayor.
Esta malformación, se ha exponenciado en el ultimo lustro, en
el cual, este estado (eufemismo este, ¿ no?) se ha empeñado
en eliminar totalmente el aporte, que para el desarrollo social, entregaba
el sector privado de la economía formal.
¿LO LOGRARA?
Amanecerá y veremos.
Rómulo E Lander Hoffmann.
enero - 2004
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2004
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