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Decía
Wilfredo Pareto que el carácter de la sociedad es, ante todo, el
carácter de sus elites.
No tuvo mucha suerte Pareto, como tampoco la tuvieron Max Weber o Gaetano
Mosca cuando del nivel puramente conceptual de sus teorías sobre
las "clases dirigentes" tuvieron que descender al plano de la
constatación factual.
Esta suerte de idealismo pragmático que animaba a los neoliberales
europeos de principios de siglo no llega a desembocar en la acción
en el momento esperado y tuvo que resignarse a permanecer en el limbo
de las formulaciones inefectivas hasta pasada la guerra fría. Tiempo
en que irrumpió con toda su energía en las economías
de mercado.
De hecho, si alguna tendencia subyacente ha pesado con fuerza y -posiblemente
para mal- en el debate ideológico contemporáneo ella es,
sin lugar a dudas -la del igualitarismo- que es obviamente la negación
de todo elitismo, no importa cuan democrático o liberal se presente.
Sin embargo, esa impotencia practica no invalida la lucidez ni el contenido
de verdad que puedan tener los desarrollos políticos antes mencionados.
Porque es cierto, aunque parcialmente, que el carácter de las elites
determina el carácter de la sociedad, y porque es cierto que lo
que piensan promueve y realizan ciertos hombres a todos los niveles del
acontecimiento humano, configura el marco de referencia ideal y material
de una sociedad situacionalmente analizada.
Viene al caso todo lo anteriormente señalado, en función
de lo que ocurrirá en las próximas elecciones del domingo
8 de noviembre. El país decidirá de nuevo cambiar a sus
dirigentes. El país siente la necesidad de abrirle paso a una situación
diferente, de eyectar del poder a un grupo político que se ha caracterizado
en sus ejecutorias por una imprudente y manifiesta soberbia, que pretendió
venderle a los venezolanos en envoltura cara, baratijas; Los resultados
están a la vista.
Ello a generado la aparición de personajes que, aunque bien intencionados,
nadie desea, pero todos añoran, lo que les da posibilidades de
triunfo, y es aquí donde se presenta de nuevo la tendencia subyacente;
El explotar el igualitarismo como formula a costa de lo que sea. Pero
creo que no triunfaran. Y en caso de que lo hicieren habra que pagarle
exactamente con la misma moneda. Es decir. En lo que a mi concierne, si
el ganador resulta ser chavez y llegare a hacerlo bien la patria lo premiara.
Pero si resulta un fiasco yo con el mismo derecho y al igual que el, tomare
las armas.
Si analizamos bien, Copey ha perdido por partida doble, Acción
Democrática encontró su Armageddon, El Mas hizo como chacumbele.
El precio ha sido alto. E incluso a la frustración natural de los
dolientes principales se agrega también la frustración de
todos los venezolanos afectos a la democracia, y a quienes el fracaso
de aquellos le significa un inmenso costo de confianza en el sistema democrático
de gobierno, este sentimiento en conjunción con el uso de la promesa
de igualitarismo es la principal arma de quienes nos pretenden vender
nuevamente baratijas en envoltorio caro.
Una nueva perspectiva se abre para Venezuela.
Creo superada la fase meramente emotiva y experimental del sistema democrático
de en Venezuela.
Creo necesario decantar, corregir, perfeccionar la "estructura Institucional"
del sistema. Reunir las voluntades mas firmes, las capacidades mejor probadas
para hacer del Estado un agente eficaz y eficiente de desarrollo y de
bienestar social.
Creo que la democracia sin un contenido económico resulta una farsa.
Creo que el estado de derecho es, una palabreja vacua, sin la presencia
y la participación efectiva de las mayorías en la producción
y en los beneficios del ingreso. Y esto, no tiene nada que ver; ni con
el igualitarismo, ni con el populismo socialistoide que algunos pregonan
por allí sin darse cuenta que ser perfectamente igual desde el
punto de vista del derecho no implica un reparto por debajo de la riqueza
que al final solo genera una pobreza inversamente proporcional a la base
de repartición.
Venezuela es un galimatías que es necesario recomponer en términos
de lógica y justicia, y hay que confesarlo:
Creo que este es un trabajo mas de todos nosotros, que de los políticos.
Amanecerá y Veremos.
Romulo E Lander Hoffmann.-
13-10-98.
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